El amor soñado… No le dará vergüenza, claro. Si nos vendió “Llegaste como si nada, te quise como del todo” como un microcuento… Felicidades a los finalistas.

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Bárbara Blasco GrauSeguir

Martes.
Veo la noticia en la prensa: entre las finalistas, Todos los síntomas.
-Cariño, soy finalista.
No sabemos por qué se ha quedado una mañana triste.
-¿Vamos a la gala?
-¿Sí? No sé, tengo clase el jueves.
-Venga, nos divertiremos un rato- dice Kike.
-Pero es que ni siquiera me han invitado. ¿Tú crees que eso es normal? Espera y le pregunto a Alberto.
Wasap: Oye, Alberto, cuando fuiste finalista con hotel postmoderno, ¿te llamaron para invitarte a la gala?
No, llamé yo. Nos pusieron a los finalistas en una mesa, a todos menos al ganador que estaba en la mesa del jurado, ya antes del fallo. Y todavía había uno sentado a mi lado que estaba todo nervioso por si ganaba. Jajaja.
Llamo a la diputación.
– Que soy finalista -digo, avergonzada.
-Enhorabuena. Le pasamos su número a Planeta.
Al cabo de dos horas.
-¿Doña Bárbara?
-Su vuecencia dirá -me dan ganas de contestar, tras sacudirle la caspa al teléfono.
-Ante todo, enhorabuena. Llegar hasta aquí es muy difícil, con eso ya debería usted estar contenta, sólo con eso ya…
-Sí, sí, no se preocupe, ya sabemos cómo funcionan estas cosas- Todavía tendré que consolarla yo por hacerle pasar un mal trago.
Que me deja dos entradas para mí y para mi “esposo”.
Me doy un poco de autobombo. ¡Mamá, soy finalista del Azorín!
Advierto a cada incauto que se emociona de que no, no lo voy a ganar.
Contengo cierta melancolía.
Viene Jesús Zomeño al taller, nos habla de su proceso creativo, de cómo va juntando frases, casi de forma inconsciente, hasta que a veces se da el milagro del sentido.
Presentamos su antología de relatos en Bartleby.

Miércoles.
Trabajamos. Por la noche acudimos al pianoke de Gilberto. Acabamos a las tantas, bastante perjudicados.
Dormimos tres horas.

Jueves.
Después de trabajar, salimos hacia a Alicante, donde nos espera Lucía, que amablemente nos acoge en su casa.
Vamos a la gala. En el auditorio, nadie de Planeta nos espera. Una azafata en la puerta nos da las entradas.
Hay un photo call, donde el jurado posa, unos 400 años bajo los focos.
Ahí me colé y en tu fiesta me planté, coca cola para todos, tarareo casi sin darme cuenta.
Lucía se encuentra con una amiga de diputación que organiza el evento. Bárbara es finalista, me presenta. Me da la enhorabuena, llegar hasta aquí ya está muy bien y blablablá. Le pregunto si es normal que me haya tenido que autoinvitar a la gala. Sí, la gente se entera por la prensa y viene. ¿Al ganador sí lo avisarán al menos? Pregunto. No se sabe quién es el ganador, contesta, escandalizada.
Nuestros asientos están en la cuarta fila. Nos sentamos al lado de Xabier, otro finalista, y su mujer.
Y entonces aparece Mónica Carrillo. Todos nos contenemos de darle la enhorabuena.
El actor Fele Martínez presenta la gala. Alguien auténtico al menos, alguien que finge con verdad. Nombra las obras finalistas, y pienso con suficiencia ¿pero quién será la cursi que ha titulado su obra El amor soñado?
La orquesta sinfónica toca La oración del torero.
Pasan un video de Azorín, un montaje de tópicos grandilocuentes con voz quijotesca.
La orquesta toca una de Astor Piazzola. Salen unos bailarines con un paraguas negro.
Me entretengo contando las perlas que lleva en su diadema la señora del Rotary delante de mí. Treinta y seis.
Llega el momento. Suben al escenario los carpetovetónicos, con sus vestidos horteras.
El presidente de la diputación dice que va a ser muy breve por no demorar el emocionante momento del fallo. Habla durante media hora de reloj. Bostezo hasta desencajarme la mandíbula justo cuando la cámara me enfoca.
Y recuerdo lo que decía Umbral: Todo el estilismo de Azorín no es sino un mantenido esfuerzo por ocultar al chufero valenciano.
Y por fin el emocionante momento que todos ustedes estaban esperando. La novela ganadora es… El amor soñado.
– ¡Qué sorpresa!- le dice Xavier al hermano de Mónica Carrillo mientras ella corre hacia el escenario.
Es guapa Mónica cuando sube las escaleras. Dice que ella presentó la gala el año anterior pero que fue menos graciosa que Fele. Todo es relativo, Mónica, pienso. Y que ya entonces, se preguntó, ¿y por qué no me presento yo al premio? ¿Tú ves como todo es relativo, Mónica?
El año que viene le dan el premio a Fele, me dice kike.
Nos reímos.
Dice Mónica que le hace mucha ilusión el premio porque además ella es de Elche, y hace una mini pausa, y el público aplaude, porque es muy meritorio, sin duda, nacer entre palmeras.
Mónica se esfuerza, en el resto de su discurso, por no decir ni una sola frase que contenga algo de literatura.
En el ágape, busco a alguien de Planeta, quiero decirle que la gala ha sido preciosa pero que por favor, el año que viene finjan un poco mejor su desprecio, que con el dineral que se gastan en la gala, bien podían tener el detalle de pagar a los finalistas el viaje y el hotel. Que al fin y al cabo esto es un concurso literario, y somos nosotros los protagonistas. Que como sigan dándole pataditas a la literatura, la van a mandar lejos, tan lejos, que no van a poder encontrarla.
Pero no aparece nadie.
Bajamos y me hago una foto en el Photo call.
Al salir nos dan un paraguas negro con el nombre de Azorín de regalo.

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